viernes, 8 de diciembre de 2006

Agustín Tosco, se llevó sus banderas

Por José Hernández

Luchó en la barricada por el sindicalismo de liberación, de contenido clasista y proyección política, encabezando el movimiento popular contra el capitalismo y el poder de su época.

No será el objetivo de estas líneas una magra cronología, una pueril recopilación de datos históricos, un remedo de ensayo elitista y, menos aún, una mala copia ideológica que favorezca a sector o interés alguno, porque el Gringo no tuvo a quién legar cuándo partió y cargó sus banderas como único equipaje, con telón de fondo de ametralladoras policiales disparando contra sus compañeros que cargaban su féretro.
Agustín Tosco no se lo merece en honor a su conducta de dirigente obrero. Hubiera deseado que dialogáramos de su militancia sin fisuras por un sindicalismo para la liberación nacional, de sus ideas, de sus convicciones, de la unidad de los trabajadores, del rechazo y repudio de los que aún hoy pactan con las patronales y el gobierno para entregar las luchas, a espaldas de los trabajadores.
Tosco fue sin dudas la personalidad más descollante que tuvo el movimiento obrero clasista en la Argentina, un salto cualitativo político que alentaba que la vanguardia obrera era capaz de avanzar en la disputa con el propio capitalismo. La experiencia del Cordobazo, desplazando a Juan Carlos Onganía del poder y el Viborazo a Roberto Marcelo Levingston, catapultaron su idea clasista de dotar a la clase obrera de una nueva ideología política.
Quizá ahí se materializó el pensamiento de el Gringo, tomó forma, porque avizoró que una de las mayores cualidades del clasismo, fue por ese entonces justamente proveer a los trabajadores de un brazo ejecutor de su idiosincrasia, develando la virtud de su capacidad para articular un vasto espectro de reivindicaciones sociales y políticas, que excedían la primera aspiración de redefinición del papel del sindicalismo.
También produjo que la estructura reivindicativa del clasismo, ligada particularmente a las condiciones de trabajo, fomentó paralelamente importantes lazos de solidaridad de clase, presionando justamente para la formación de un frente de lucha reivindicatorio.
A estas alturas se consolidó Tosco como el dirigente de dirigentes. Esta estrategia de acumulación política podía solo asentarse en un proletariado joven, fuera de toda manipulación o dominación de una burocracia sindical.
El Gringo fue el visionario que comparó ese extraordinario florecimiento cultural que invadió los cuadros obreros, con la subordinación del pensamiento contemporáneo al hegemónico pensamiento único, que refleja en buena medida la fractura y marginalidad social, y el estado de un movimiento que resiste a pesar de la brutal ofensiva de los `90.
En el pensamiento de Tosco, el clasismo mostraba, en clave thomsoniana, que la clase no lucha porque existe, sino que existe porque lucha. Nadie en los `70 del siglo pasado hubiera hablado de utopías, era la época de la razón puesta al servicio de la voluntad.
El hombre que afirmó ante un tribunal militar que lo condenó a ocho años de prisión, “la violencia cuando es de los pobres es un acto de legítima justicia”, fue el mismo que se declaró “marxista-socialista. Los fundamentos que tengo están elaborados en base al materialismo didáctico. En lo político, estoy con la unidad de las fuerzas de distintas tendencias, sin discriminaciones ideológicas, pero siempre que coincidan con el progreso y la liberación nacional”.
De esto hubiera querido Agustín que dialogáramos, que debatiéramos, de la unidad de los argentinos, cualquier el color político que los apasione y contenga sus pensamientos.
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“El campo de las reivindicaciones está dado en una serie de escenas. No hay una sola escena. La lucha se plantea en el sindicalismo, replantea en el estudiantado, se plantea por las fuerzas cívicas populares, se plantea por muchos sacerdotes del Tercer Mundo…se plantea de distintas maneras, en distintas escenas, y sólo debe merecer a nuestro juicio el respeto de la identidad al menos en los objetivos de redención humana que tiene…Una unidad que no persigue que el compañero deje de levantar su bandera de peronista o de radical; que no persigue que se deje de ser católico o musulmán; que no persigue que se deje de ser de Boca o de River.., que lo que se persigue es que se ponga por sobre su camiseta que es respetada, la camiseta fundamental, que es la camiseta argentina, que nos permitirá la redención y el cumplimiento de los objetivos que como movimiento obrero y como pueblo nos trazamos”.
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Si bien Tosco reconocía que el clasismo tenía sus orígenes en políticas excluyentemente sindicales, atisbó la necesidad que debía trascender los marcos fabriles para proyectarse como una alternativa de poder.
Comenzó entonces a liderar los métodos de acción directa, generándose los enfrentamientos con las patronales, el Estado y sus políticas: fue la prolongación directa del Cordobazo, herencia de rebeldía obrera que marcó a una generación frente a la experiencia de masas, decisiva para sus libertades e inédita en la historia nacional.
Fue el comienzo de los sindicatos de planta, que no nacieron concientemente clasistas ni contaban con un programa político, esas posiciones fueron logradas como producto de una dinámica sindical, política y social: motorizó el cambio sustantivo de la relación capital-trabajo, liderada por la vanguardia obrera cordobesa y su máximo dirigente.
El Gringo pregonó que una de las mayores cualidades del clasismo era dotar a la clase obrera de una nueva ideología, que ampliara y superara el discurso político disponible. De esta forma ostentó en su momento una capacidad para articular un vasto espectro de reivindicaciones sociales y políticas, que excedían la primera redefinición del papel del sindicalismo.
Es que la estructura del clasismo de Tosco, ligada particularmente a las condiciones de trabajo de su momento, fomentó paralelamente lazos de solidaridad de clase presionando para la formación de un frente de lucha reivindicativo.
Fue el único dirigente sindical de nuestro país que, a pesar de estar encarcelado, fue reelegido al frente de su gremio cordobés de Luz y Fuerza, como así de la CGT Argentina, manteniendo las conducciones en la clandestinidad forzada de la persecución. Se ganó un lugar privilegiado e inexpugnable en los sentimientos colectivos, por la honestidad de ser consecuente con los ideales de su clase.

Partió con sus banderas desplegadas al viento, devorado inexorablemente por el tiempo y la historia, tomó forma de mito y estatura de líder, con su mameluco engrasado de trabajador e impronta de luchador de barricada, con esa mística de los elegidos, con esa aureola que solo otorga lo eterno a los justos.
Hoy, dialogamos con su pensamiento…, el Gringo lo hubiera deseado.

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